Garcia Cuerva NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES

García Cuerva: “La intolerancia está infectando el corazón del pueblo”

El arzobispo de Buenos Aires volvió a cuestionar la violencia política, los discursos de odio y la indiferencia frente al sufrimiento social. Ante una multitud en Luján, pidió reconstruir los vínculos y advirtió que la Argentina llega a la visita de León XIV profundamente herida y dividida.

Hay discursos religiosos que se quedan en el altar y hay otros que, inevitablemente, salen a la calle. El de Jorge García Cuerva en Luján pertenece a la segunda categoría. En el cierre de la 52ª Peregrinación Juvenil, frente a una multitud que llegó al santuario después de caminar bajo la lluvia, el arzobispo de Buenos Aires convirtió una celebración religiosa en un diagnóstico político y social de la Argentina. 

La frase más fuerte fue también la más difícil de ignorar: “Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal ya supuran y parece que se está infectando el corazón del pueblo argentino”. No fue una referencia abstracta a los males del mundo. García Cuerva habló de un país concreto, atravesado por una grieta que, según su mirada, dejó de ser solamente una diferencia política para convertirse en un problema de convivencia. 

El mensaje llegó, además, en un momento particularmente sensible para el Gobierno de Javier Milei. La Iglesia viene expresando preocupación por la situación social, la pobreza, la pérdida de trabajo y el deterioro de los vínculos comunitarios. Días antes, el propio García Cuerva había advertido que el papa León XIV encontrará una Argentina “herida” y dividida, donde “la descalificación y la intolerancia están a la orden del día”. 

Una peregrinación convertida en fotografía del país

La escena de Luján tuvo una potencia política que excedió cualquier cálculo partidario.

Millones de personas participaron de la peregrinación, en una de las convocatorias religiosas más importantes de los últimos años. La caminata estuvo atravesada por la lluvia, el cansancio y las historias personales de quienes llegaron al santuario cargando pedidos, agradecimientos y preocupaciones. Medio periodisticos registrarón  testimonios de peregrinos que hablaron de trabajo, solidaridad, salud, discapacidad y también de la situación política. 

García Cuerva eligió justamente esa experiencia colectiva para construir su mensaje.

“Nuestra Patria tiene abrazos pendientes”, planteó. Abrazos de perdón frente al insulto, de solidaridad frente a la indiferencia, de encuentro frente al desencuentro. Una metáfora sencilla, pero con una enorme carga política en una Argentina donde la discusión pública parece haberse transformado demasiadas veces en una competencia por ver quién grita más fuerte.

El arzobispo pidió recuperar algo elemental: la capacidad de reconocer al otro como semejante aun cuando piense distinto.

“Si la Virgen de Luján nos abraza, es imposible mirar al otro con desprecio”, sostuvo. Y convocó a convertirse en “artesanos de la fraternidad”, llevando ese gesto hacia los abuelos, las personas con discapacidad, quienes no tienen trabajo, quienes viven en la calle y los jóvenes afectados por las adicciones. 

La crítica al discurso de odio

El mensaje tiene un destinatario amplio, pero resulta imposible desvincularlo del clima político argentino.

Desde el Gobierno de Milei se convirtió en una práctica frecuente la confrontación discursiva con adversarios políticos, periodistas, dirigentes sindicales, organizaciones sociales y distintos sectores de la sociedad civil. La lógica de “amigos y enemigos”, lejos de reducirse, se incorporó al lenguaje cotidiano de la política.

García Cuerva eligió otra palabra: hermanos.

No se trata simplemente de una diferencia semántica. En la concepción pastoral que viene expresando el arzobispo, el problema argentino no se limita a los indicadores económicos. También existe una crisis de los vínculos, una dificultad creciente para escuchar al que está enfrente y una naturalización de la violencia verbal.

Por eso su llamado no fue solamente a “ser buenos” o a evitar las discusiones. Fue bastante más profundo: reconstruir una sociedad donde la diferencia política no implique necesariamente la deshumanización del adversario.

En una Argentina atravesada por redes sociales, campañas permanentes y una comunicación política que muchas veces premia la agresividad, el planteo adquiere una dimensión especialmente incómoda.

Los pobres también aparecen en el centro del mensaje

La otra cuestión que atraviesa las palabras de García Cuerva es la situación económica y social.

El arzobispo no habló únicamente de intolerancia. Habló de quienes perdieron el trabajo, de los pobres, de las personas con discapacidad, de quienes duermen en la calle y de los sectores que necesitan asistencia y acompañamiento.

Ese énfasis coincide con otras expresiones recientes de la Iglesia argentina.

En los días previos, distintos referentes del episcopado habían utilizado expresiones particularmente duras para describir la situación nacional. El arzobispo de Córdoba, Ángel Rossi, habló de una Argentina “cascoteada por la pobreza”, mientras García Cuerva había señalado que León XIV se encontraría con un país herido y con una importante cantidad de personas atravesando situaciones de extrema dificultad. 

La Iglesia, así, parece estar construyendo un discurso que combina dos preocupaciones: la pobreza material y la pobreza de los vínculos sociales.

Una no reemplaza a la otra.

Una sociedad puede tener crecimiento económico y continuar profundamente fracturada. Y también puede discutir sus diferencias políticas sin convertir al adversario en un enemigo al que hay que eliminar simbólicamente.

León XIV, en el horizonte

Las palabras de García Cuerva adquieren una dimensión todavía mayor porque faltan pocas semanas para la llegada de León XIV a la Argentina.

El Papa visitará el país entre el 8 y el 11 de noviembre, en el marco de su viaje por Sudamérica. Buenos Aires, Córdoba y Luján serán algunos de los escenarios de una visita que la Iglesia argentina prepara como un acontecimiento pastoral, pero que inevitablemente tendrá una fuerte dimensión política y social. 

El Gobierno busca evitar cualquier conflicto con el Vaticano y con el episcopado. Sin embargo, las diferencias entre la administración libertaria y sectores importantes de la Iglesia son cada vez más visibles.

La cuestión social aparece en el centro de esa distancia.

Mientras el oficialismo reivindica el ajuste, la reducción del gasto público y el retiro del Estado como condiciones para transformar la economía, la Iglesia insiste en mirar las consecuencias concretas de esas políticas sobre las personas más vulnerables.

No es casual que la discapacidad, la pobreza, los jubilados y quienes quedaron fuera del mercado laboral aparezcan reiteradamente en los discursos de los obispos.

Una “tarea para el hogar” para toda la Argentina

Hay una frase de García Cuerva que sintetiza buena parte de esta nueva etapa de la Iglesia argentina: la visita de León XIV será también una “tarea para el hogar”.

La expresión funciona como advertencia.

El Papa puede llegar, hablar, recorrer el país, reunirse con dirigentes y celebrar misas. Pero después quedará la Argentina real. La de los salarios que no alcanzan, la de quienes buscan trabajo, la de las personas con discapacidad que reclaman derechos, la de los jubilados, la de quienes viven en la calle y la de millones de personas que siguen atrapadas en una discusión política donde cada diferencia parece convertirse en una batalla existencial.

La pregunta que deja García Cuerva no es solamente religiosa.

Es política, social y profundamente humana: ¿cuánto más puede resistir una sociedad cuando convierte la intolerancia en una forma habitual de relacionarse?

Quizás por eso el escenario elegido fue Luján. Mientras miles de personas llegaban exhaustas después de caminar decenas de kilómetros, el arzobispo habló de curar las ampollas, pero también de curar los vínculos.

La imagen es poderosa.

Una multitud caminando junta pese a sus diferencias, mientras desde el altar se pide algo que parece cada vez más difícil en la Argentina contemporánea: volver a mirarse como parte de un mismo pueblo.

Porque, como planteó García Cuerva, las heridas ya no solamente duelen: empiezan a infectarse. Y cuando una sociedad llega a ese punto, el problema deja de ser quién tiene razón en una discusión política.

El problema pasa a ser si todavía queda capacidad para escucharse.

Te puede interesar

Free Joomla templates by Ltheme